Dehesas

El Oeste Ibérico

La mayor parte de la actividad humana se realiza en las zonas de relieve suave, evitando las sierras y los cañones fluviales. Es el dominio de la dehesa.

Las dehesas constituyen el ecosistema de mayor superficie y, sobre todo, de mayor originalidad y significado territorial de todo el conjunto.

¿Qué es una dehesa?

La dehesa es un bosque abierto derivado del bosque mediterráneo, formado por especies arbóreas del género Quercus (encina, alcornoque) u otras especies como el haya o el pino y un estrato herbáceo inferior de pastizales o matorrales, para pasto del ganado.

Las dehesas suelen basarse en dos tipos de aprovechamiento: el ganadero y el cinegético. Ambos también se combinan con otras actividades como el aprovechamiento melífero, de la leña, o la extracción del corcho, entre otros.
Estas necesitan del trabajo del hombre para sobrevivir, porque sin las labores de poda, recolección y explotación agraria se produce un fenómeno llamado “matorralización” en el que la flora se desborda, y acaba multiplicándose exponencialmente el peligro de incendio.

La dehesa se basa en una relación armónica entre naturaleza y actividad humana de la que ambas partes se benefician.

Multitud de especies de aves la aprovechan como lugar de alimentación, reposo en las migraciones o invernada, poniendo una vez más de manifiesto su interrelación con el resto de los hábitats. Cañones fluviales, sierras y dehesas conviven en una simbiosis constante.
Muchas dehesas no intensificadas albergan una gran diversidad biológica, con extraordinarias comunidades florísticas y micológicas de invertebrados y de especies vertebradas. Esta concentración de vida se debe al uso sostenible que el hombre ha hecho de este medio aún ligándolo a su propia actividad. Este equilibrio único ahora está debilitándose y empobreciéndose, lo que se traduce en una gran amenazada para un legado sin igual.